Por Manuela Moore
Yo vivía como puede vivir un condenado a muerte
Siempre con esa inquietud como una cruz
–deshonra, desocupación y miseria–.
Pier Paolo Pasolini
Pasolini, “el pequeño burgués que lo dramatiza todo” –denominación que se da reflexivamente con cierto dejo exomologético cubierto, quizás, del enrojecimiento propio de la vergüenza– se vio sumido en la pobreza, el sufrimiento, el trabajo duro, el desempleo, la agonía, el hambre, la persecución, la muerte, la vejación, la injusticia, la homosexualidad, el racismo, el terror, la culpabilidad, el marxismo, el padecimiento, la represión, las ganas de morir y, sobre todo, la poesía –único refugio donde podía encontrar la solución a todos los problemas–. Sin embargo, llegado un momento, decidió abandonar su elemento catártico –o quizás más bien este decidió abandonarlo a él– enfocándose en otro arte: el cine.
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