Me contagié de crepusculismo

Llegó a mí, en un momento en el que realmente necesitaba distracción, el famoso libro negro de atractiva portada en la que dos manos espectralmente blancas sostienen una roja manzana. Mis primas me lo prestaron enloquecidas de fanatismo, queriendo contagiarme la sensación, el virus. Crepúsculo, rezaba la portada; mientras la contraportada contrapunteaba revelando información importante, pero intrigante. Y yo, que estaba realmente ávida de cursilería, dejé a un lado Crimen y castigo de Dostoievsky para aventurarme en un affair con un bestseller.

Por Manuela Moore Rueda

Crepúsculo

Continuar leyendo «Me contagié de crepusculismo»

Nirvana

Por Manuela Moore Rueda

 

Siempre me he preguntado por qué algunos adultos llaman “chogüí” a toda chuchería salada de color amarillo… Descubrí mi particular fetiche a los cinco o seis años, cuando le regalé un paquetico de Pepitos a la señora Chila. Me quedé mirándolo fijamente, aunque no quería que me diera. Oí el particular sonido del empaque abriéndose, el plástico metalizado crujiendo: me dio un escalofrío y sentí como un sueñito. Agarró el primer palito –el amarillo Nº 5 estaba tan concentrado que lo hacía ver anaranjado–, metió en su boca el cilindrito con forma de maní y me estremecí ante el primer crujido. Una sensación placentera y embelesada se regó por mi cuerpo; no quería dejar de ver, no quería dejar de oír.

Continuar leyendo «Nirvana»