Había una vez dos mujeres que se sentían hombres. Eran personas encerradas en un cuerpo que no parecía el adecuado. Un día lograron corresponder forma y fondo. Ya no eran ellas, sino ellos. ¿El único impedimento? La cantidad exorbitante que necesitaban para ser, genitalmente, considerados hombres.
Por Manuela Moore

Cuerpo masculino, alma masculina, genital femenino: debe ser duro. Pero lo que ellos no sabían es que dicha condición, un día, iba a serles provechosa.




