Llegó a mí, en un momento en el que realmente necesitaba distracción, el famoso libro negro de atractiva portada en la que dos manos espectralmente blancas sostienen una roja manzana. Mis primas me lo prestaron enloquecidas de fanatismo, queriendo contagiarme la sensación, el virus. Crepúsculo, rezaba la portada; mientras la contraportada contrapunteaba revelando información importante, pero intrigante. Y yo, que estaba realmente ávida de cursilería, dejé a un lado Crimen y castigo de Dostoievsky para aventurarme en un affair con un bestseller.
Por Manuela Moore Rueda





