Cabello negro, largo y brillante; piel blanca, pálida, pero no lechosa; risa fácil, aguda y contagiosa; manos delicadas y brazos delgados; una boca que más parece una flor o una fruta tentadora; una nariz delgada, fina, nada protuberante; senos naturales, pequeños y de pezones rosados; trasero redondo, muy redondo, de esos que uno ve y le provoca pellizcar, o nalguear con picardía; y un pene nada chiquito, pero tampoco bestial. Todo eso tiene Francis –gracias a la madre naturaleza y a sus amigas las hormonas–, todo eso y mucho más.
Por Manuela Moore






