Hombres embarazados

Había una vez dos mujeres que se sentían hombres. Eran personas encerradas en un cuerpo que no parecía el adecuado. Un día lograron corresponder forma y fondo. Ya no eran ellas, sino ellos. ¿El único impedimento? La cantidad exorbitante que necesitaban para ser, genitalmente, considerados hombres.

Por Manuela Moore

Scott y Thomas Moore

Cuerpo masculino, alma masculina, genital femenino: debe ser duro. Pero lo que ellos no sabían es que dicha condición, un día, iba a serles provechosa.

Me hallaba yo cómodamente sentada en el sofá de mi sala, viendo un programa de National Geographic. Entonces vino la cuña y la sorpresa llegó a mi cara: “Un hombre embarazado, tengo que ver eso”. Así, esperé con impaciencia el día y la hora del estreno. “¿Podía ser posible?”. Emoción. Y, entonces, decepción: se trataba de un transexual masculino con genitales femeninos. Me pareció un engaño publicitario, pero, en el fondo, no lo era.

El transexual tiene una identidad que no se corresponde con su cuerpo: es un hombre atrapado en una mujer –o viceversa–. Cuando empieza la reasignación sexual su forma se va poco a poco adaptando a su fondo; a pesar de lo que antes aparentaba ser, siempre ha tenido una inclinación notoria. Eso fue lo que entendí luego de investigar sobre el tema y despedir paulatinamente a los prejuicios de una cultura que, como respalda Manuela Dimitriu de Quintero en Lenguaje y discriminación: El discurso sobre homosexualidad en la prensa venezolana, sigue siendo falologocentrista.

Thomas Beatie, el estadounidense estrella del programa de NatGeo, fue el primero en romper con el tabú. Un hombre –pues eso se ha sentido siempre– que decidió darle uso a ese órgano genital que no se correspondía con su ahora cuerpo e identidad masculinas.

Thomas estaba casado con Nancy desde hacía diez años y Nancy no podía tener hijos. ¿Solución? Él los tendría por ella. Sencillo: dejaría de tomar hormonas y recuperaría su menstruación. ¿El obstáculo? Su entorno: gran parte de sus conocidos no sabían que él no era, genitalmente, un hombre; la transfobia llegó incluso a estar dentro de sus familias. Hoy en día no son uno ni dos los hijos del matrimonio, ya el tercero está en camino, gracias a la inseminación.

Scott Moore, por otro lado, está casado con otro Thomas. Los dos son californianos, los dos son transexuales masculinos, los dos fueron mujeres. ¿Lo que los diferencia? Scott sigue conservando sus genitales femeninos, Thomas se hizo una faloplastia.

Este último, por un lado, tenía dos hijos previos al matrimonio, concebidos antes de su reasignación sexual. Ahora no solo comparten el haber pasado por experiencias similares. Los une un lazo más estrecho: un pequeño niño llamado Miles, producto del óvulo de Scott y el espermatozoide de un amigo inseminado artificialmente. Hoy los dos son papás y sus hijos hacen caso omiso a las burlas.

Y aunque la Organización Mundial de la Salud sigue clasificando a la transexualidad como un trastorno de la identidad sexual, las luchas trans han cosechado sus frutos: desde febrero de 2010 Francia ha dejado de considerar a los transexuales como enfermos mentales. Poco a poco se van quebrando los prejuicios y se van aceptando pensamientos, actitudes, apariencias e inclinaciones distintas. La variedad de opiniones trae sabiduría. Como dirían Los Beatles: “Let it be”.

Artículo publicado el 31 de mayo de 2012 por Tal Cual Digital: http://www.talcualdigital.com/Nota/visor.aspx?id=36086&tipo=ESP&idcolum=79

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