Algunos profesores prefieren evitar los exámenes. Algunos piensan que la escritura reflexiva exige un tiempo y un espacio imposible de obtener en apenas unas pocas horas de prueba en un aula. Algunos profesores son como Luis Yslas, de esos que prefieren calidad antes que rapidez: reflexión antes que agilidad. Porque todo buen vino debe añejarse antes de ser consumido.
Por Manuela Moore
Universidad Central de Venezuela
Facultad de Humanidades y Educación
Escuela de Letras
Departamento de Literatura Latinoamericana
Curso electivo: “Oficio: lector”
Profesor: Luis Yslas
MM: ¿Para qué leer?
LY: Hay muchos motivos para leer –o no– literatura. De modo que solo podría hablar en primera persona. ¿Para qué leo? Para salirme de mí por un rato, y entrar en contacto con aquello que desconozco –o que creía conocer. Durante la lectura puede haber instantes de saber y felicidad, de dolor y aislamiento, de oscuridad, pero también de compañía, de iluminación. Como todo placer, la lectura puede convertirse en un vicio. Como toda práctica imaginaria, puede ser también una forma de desvarío. Salir de uno implica esos riesgos, pero vale la pena.
MM: ¿Por qué estudiar Letras?
LY: Porque el lenguaje no solo lo merece: lo requiere. La Escuela de Letras forma cultores del idioma, tan necesarios en una sociedad como la nuestra que se debate entre la afasia y la verborrea, esos dos enemigos del diálogo.
MM: ¿Cuál es el rendimiento académico de sus estudiantes?
LY: Hay una media de 15 puntos, aproximadamente. Al menos en los cuatro cursos que me ha tocado impartir hasta el momento.
MM: ¿Qué es lo que más le molesta de los alumnos a la hora de evaluar?
LY: Que no se den el tiempo suficiente para leer, y que no sean más cuidadosos y exigentes con su escritura.
MM: ¿Cuándo era estudiante cumplía con todos los requisitos que usted les exige ahora a sus estudiantes?
LY: Durante el bachillerato fui pésimo estudiante. En la universidad el temor al fracaso o al ridículo prácticamente me obligó a ser más responsable con mis estudios. Entonces ahí sí procuré cumplir con los requisitos exigidos, que nunca fueron desorbitados ni traumáticos. Por eso sé que lo que les exijo a mis estudiantes es posible. Tampoco creo ser un profesor severo.
MM: ¿Cómo hace para ser locutor de Relectura; editor de la página del grupo, editor de texto de la revista Todo en Domingo, de El Nacional; profesor de la Escuela de Letras y aun así tener tiempo para leer?
LY: Admito que soy maniáticamente ordenado, al menos en lo que respecta al trabajo. Eso me permite administrar mejor mis horas. La otra razón es que para mí el trabajo es un placer, y para eso siempre se encuentra el tiempo.
MM: ¿Alguna anécdota que quiera compartir?
LY: Una tarde me reuní con mis alumnos en un café para leer El último encuentro de Sándor Márai. Cuando le tocó el turno a una de mis alumnas, Verónica Cento, se le quebró la voz y puso la mano en su boca; luego no aguantó más y lloró. En ese momento la página se le volvió espejo de cierta zona de su intimidad que solo ella conocía. Recuerdo su mano levantada, como pidiendo tiempo y perdón. Hubo un silencio incómodo y después continuó la clase. Pero no olvidé ese instante, pues ese gesto fue también un homenaje a esa maravillosa novela y el reconocimiento de que hay ciertos libros que nos tocan de tal modo que nos descifran y nos descentran.
Modelo de trabajo del curso
“Oficio: lector”
Partiendo de la escritura reflexiva, escriba un ensayo sobre una de las siguientes opciones:
- Haga un recuento de sus primeros encuentros con la lectura.
- A partir de las ideas de algunos autores –como Barthes, Piglia, Cadenas, Pennac y, por supuesto, el lector de lectores: Borges–, plantee ¿qué es un lector?
Artículo publicado en abril de 2010 por Revista Ojo.



